6.- SOBRE EUSKAL HERRIA:
6.1.- PENSAR POR NOSOTROS MISMOS:
Somos una nación pequeña atrapada entre dos grandes estados que destilan sangre por todas sus cuadernas. Ambos estados se ha formado expoliando y machacando a sus correspondientes clases oprimidas, pero también a las naciones periféricas que tuvieron la desgracia de ocupar territorios ambicionados por esos Estados. Tampoco debemos olvidarnos de los pueblos y de las culturas, de las naciones, que habitaban los amplios territorios ultramarinos objetos de rapiña y ferocidad esquilmadora que esos estados han realizado a lo largo de los últimos cinco siglos. Nuestra historia, por tanto, es incomprensible al margen de esas realidades históricas que han ido dejando posos de dolor, amargura y sacrificio. De esos posos han nacido luego generaciones de euskaldunes que de un modo u otro se han defendido como han podido, pero también que han permanecido pasivos e incluso que conscientemente han colaborado con los estados y sus agentes en nuestra tierra. No podemos negar la estrecha imbricación, a lo largo de estos siglos, entre los intereses de las clases dominantes vascas y sus bloques sociales de apoyo y las clases dominantes extranjeras y sus estados.
Así, cuando ahora nos enfrentamos al debate sobre el futuro del sistema capitalista, las diversas tendencias que pugnan en su interior y los efectos que tendrán sobre -contra- nosotros, en esta reflexión, lo primero que pensamos, incluso antes de comenzar a ordenar nuestras ideas, es en el arsenal conceptual, teórico y estadístico que podemos tener a nuestra disposición. Porque ¿acaso no es un arsenal realizado, en grandísima medida, desde y para la lógica y los intereses de poder de los estados que nos dominan? ¿No reflejan la mayoría de esas teorías, conceptos y listados estadísticos los intereses materializados ya en estructuras de poder de los estados que ocupan? Pero esta es la primera parte de dicha reflexión porque igualmente de inmediato nos surge otra duda más inquietante: ¿en qué medida nuestro propio pensamiento está ya previamente moldeado, condicionado o determinado por la lógica implícita de sumisión al orden epistemológico que se expresa en español y francés? Porque de la misma forma en que la "ciencia económica" burguesa está pensada para resaltar determinadas cosas y ocultar y tergiversas otras, y de la misma forma en el que pensamiento patriarcal está para negar la explotación de género, también los complejos lingüístico-culturales del estado dominante están para machacar o dominar las identidades de los pueblos dominados.
Para nosotros, obviamente, no es un tema baladí como, a una escala infinitamente más pequeña, tampoco es para los españoles el que la letra Ñ de su alfabeto tenga problemas para aparecer en los teclados de los modernos ordenadores, o que para los franceses sus películas apenas puedan competir con la gigantesca industria cultural anglosajona. Nosotros, desde nuestra pequeñez pisada, vemos cómo las clases dominantes española y francesa están activando con todos sus medios disponibles el nacionalismo racista antieuskaldun. Lo hacen con naturalidad, con sentido de orgullo, progresismo y civilidad. Convencidos de su razón aprietan las tuercas de la maquinaria política, institucional, administrativa, cultural y represiva para imponer una exacta y precisa definición de Euskal Herria. Por tanto, antes de cualquier debate, los euskaldunes hemos de resolver una desventaja previa y que no tienen quienes pertenecen a una nación opresora, aunque no deseen oprimir a nadie y se sientan avergonzados por ello. Esa desventaja es la de nuestra incapacidad para pensar por y mediante nuestros propios esquemas y datos. Es triste pero es verdad. De hecho, la mayoría de los movimientos emancipadores han sido conscientes de esa desventaja, al igual que en la emancipación individual los sujetos, las mujeres, las personas de etnias explotadas que quieren liberarse individualmente, etc., han conocido los sinsabores de lo que es pensarse a uno mismo con las categorías de la persona que les domina, sea el marido o el vecino blanco o payo, o el profesor o el sacerdote.
Esta desventaja es, lógicamente, negada o ridiculizada por el poder extranjero que llega incluso a la hiriente e insultante ignominia de sostener que son sus miembros, los hablantes en español y francés, quienes sufren segregación y marginación. Quieren darle la vuelta al calcetín esperando así ocultar su pútrido hedor. Por nuestra parte, empezamos a independizarnos en nuestro propio pensamiento y planteamos las dudas y los interrogantes no según lo que se nos ha dicho que es el "orden lógico" sino según nuestras necesidades como pueblo trabajador oprimido.
6.2- NUESTRAS PRIORIDADES:
De las tendencias tan dispares que hemos podido analizar, y sabemos que sólo hemos rascado una parte de la superficie del problema, extraemos, en primer lugar, la idea básica de que como pueblo negado en sus elementales recursos de autogobierno lo prioritario y urgente ante lo que se avecina, sea lo que sea, es constituirnos como poder independiente. ¿Por qué parece que es secundario saber con cierta precisión qué es lo que se acerca? Pues porque nosotros nos colocamos en nuestra situación y no en la de los estados extranjeros. Un símil, para una mujer diariamente golpeada por su marido lo prioritario es independizarse de su agresor y para ello los pasos que ha de dar le llevan a obtener la independencia personal, psicológica y afectiva, y a la vez económica. Esa mujer no puede permitirse el lujo de perder el tiempo discutiendo sobre si las perspectivas del paro estructural, de la precarización y de la feminización de la pobreza le van a dificultar y en qué grado el logro de su urgente independencia. Su marido, borracho y pendenciero pensará lo contrario, e incluso le insultarán llamándole ignorante por desconocer lo que sucede en la calle: "¿de qué vas a comer sin mi sueldo? le preguntara orgulloso de su poder.
Es así, quieran o no entenderlo los estados dominantes. Por tanto, para nosotros lo decisivo ahora mismo de todas las tendencias tan rápidamente vistas es constatar si realmente aumentan o decrecen las posibilidades de independizarnos. Ya discutiremos entre nosotros qué Estado queremos y como vamos a tratar a nuestras clases dominantes, las que siempre se han aliado con las españolas y francesas. Pero no perderemos el tiempo discutiendo abstractamente sobre temas que sólo nos afectan muy secundariamente. En este sentido, las múltiples ideas de que los estados pierden algunas de sus atribuciones por efecto de la contradicción expansivo-contrativa inherente a la definición simple de capital, cosa cierta por demás, esas ideas deben ser a su vez reequilibradas con las contrarias, con las que sostienen que a su vez los estados refuerzan y amplían sus instrumentos de opresión interna y externa en todo lo relacionado con la explotación de la fuerza de trabajo social, y con la expoliación del excedente simbólico-material acumulado por las naciones dominadas. Tal contradicción la sufrimos a diario en todas las medidas que los estados imponen para detener el ascenso de las fuerzas abertzales, fortalecer las suyas propias en Euskal Herria e intentar dividir a los sectores autonomistas que habían comenzado un acercamiento al abertzalismo impelidos por razones que no podemos exponer ahora.
Esta contradicción recorre, además, las grandes líneas estratégicas de todos los estados que de un modo u otro se encuentran zarandeados por los cambios capitalistas. Consiguientemente nosotros hemos de estudiar con más profundidad las contradicciones que corroen los cimientos estatales, acelerándolas, así como neutralizando las tendencias que les fortalecen. En este sentido, entendemos como básico demostrar que la existencia de la opresión nacional va indisolublemente unida al capitalismo y que, por tanto, su superación debe ir pareja a la extinción histórica de este modo de producción. ¿Qué debemos hacer entre tanto? ¿Esperar, aceptar pactos y componendas? Desde luego que no. Como en otras muchas cuestiones, el movimiento se demuestra andando. Es decir, debemos tender una perspectiva inmediata, mediata y lejana.
La primera pasa por lo que ya hemos comentado, la urgencia por construir nuestros propios marcos de autogobierno nacional para, con y mediante sus recursos, navegar en el huracanado océano capitalista. Que ese océano se calme, que entre en otra onda larga expansiva, tanto mejor para nosotros, pero ahora, sin ni siquiera disponer de una txalupa, lo primero que debemos hacer es construirla y además pensando que debe ser lo suficientemente sólida como para sortear las galernas del Cantábrico, no vaya a ser que nos hundamos casi inmediatamente.
La segunda es el proceso de liberación nacional en su pleno sentido, es decir, en el sentido radical de emancipación del pueblo trabajador vasco de todas las cadenas que le someten. No es posible, desde luego llegar a esta fase sin haber dado anteriormente, en la primera, pasos necesarios por cuanto diseñan qué lugar han de ocupar las clases sociales, las mujeres, etc., en ese barquito que construímos para romper amarras con España y Francia, pero ahora no podemos alargarnos en esta cuestión. Lo que nos interesa es, de un lado, comprender que no hay que confundir las fases y que, de otro lado, pese a ello, ya ahora mismo debemos empezar a diseñar y aplicar proyectos materiales básicos de la emancipación de las clases oprimidas euskaldunes.
La tercera es la también consciente lucha por la superación y extinción histórica del capitalismo en nuestra nación y en todas las áreas en las que se pueda lograrlo, aunque exista en otras y aunque el modo de producción capitalista en cuanto tal siga vigente a escala planetaria. Se trata de la lucha práctica por, en síntesis, la recuperación del tiempo propio que como nación y como sujetos individuales no es arrebatado por el capital. Naturalmente hablar de tiempo propio exige hablar de tiempo de trabajo y, por tanto, de trabajo asalariado, alienación, producción generalizada de mercancías, leyes del sistema de producción capitalista y propiedad privada de los medios de producción. Es inevitable, necesario y virtuoso luchar contra todo eso.
6.3.- NUESTROS MEDIOS:
También aquí surge la incomprensión de quienes viven fuera de la realidad del oprimido, sea éste quien sea. Los abertzales llevamos demasiados años escuchando que dentro de las leyes españolas y francesas hay cabida para nuestras reivindicaciones. Que mientras respetemos "la democracia" -su democracia- no hay ningún impedimento ni obstáculo para decir lo que se quiera. "La" democracia consiste en "decir". Es una democracia ensalivada. Pero otra cosa son los hechos. Peor incluso, se tiende ya a generalizar el silencio, a prohibir el "decir" e imponer el "escuhar". Con razón se dice que estamos ante un democracia de pabellón auditivo. Es más y mejor demócrata quien tiene mayores orejas. ¿Qué podemos hacer nosotros, sordos e indiferentes a las bellas palabras de la democracia?
Simplemente organizarnos como estimemos más convenientes y sin pedir permiso a nadie. ¿Descortesía? Puede ser para quien crea que tiene derecho a saber todo sobre nosotros. Por nuestra parte pensamos que de vez en cuando no viene mal un poco de descortesía para con quien exclusivamente organiza las cosas en función del aumento del beneficio material y simbólico que extrae de la ocupación de Euskal Herria.
IÑAKI GIL DE SAN VICENTE.
EUSKAL HERRIA 11-IV-2000.